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jueves, 4 de agosto de 2011

La superioridad numérica del 'Homo sapiens' acabó con los neandertales

fuente mundo.es

La desaparición de los neandertales en Europa a raíz de la llegada de los humanos modernos desde África, hace unos 40.000 años, es una parte de la prehistoria plagada de incógnitas. Durante 300.000 años, los primeros dominaron el continente, adaptándose a las duras condiciones de la Edad de Hielo, pero en pocos milenios dejaron de existir, los últimos en el sur de la Península Ibérica, hace unos 28.000 años.


Una nueva investigación de la Universidad de Cambridge, publicada esta semana en 'Science', revela ahora que los 'Homo sapiens' que habitaron por entonces en Europa eran hasta 10 veces más en número que los neandertales, una supremacía que, según los autores, dirigidos por Sir Paul Mellars, fue un factor determinante en la extinción de sus parientes evolutivos.

Mellars y su alumna Jennifer C. French determinaron este porcentaje tras analizar los restos arqueológicos encontrados en todo el sudeste de Francia, región en la que se concentran un buen número de yacimientos tanto de neandertales como de cromañones. Encontraron que era mucho mayor el número total de asentamientos de 'sapiens', así como la densidad que habían dejado de utensilios de piedra y de restos de comida, lo que indica que eran grupos grandes con una gran integración social.


Conflicto entre especies
Como los cromañones vivían cerca de los grupos locales de neandertales, tenían que competir con ellos para cazar los renos, caballos, bisontes y ciervos que eran la base de su alimentación. También, según estos autores, tenían que compartir el escaso combustible (la madera) que había por entonces en la zona, fundamental para soportar los fríos inviernos glaciares.

Mellars y French defienden que esta situación generaría confrontaciones entre ambas especies al querer hacerse con las localizaciones mejores en el suministro de alimentos y agua, conflictos en los que, afirman, la mayor coordinación de los humanos modernos les asegurarían el éxito.

Los 'sapiens' tenían una tecnología mucho más avanzada (por ejemplo, las lanzas de largo alcance) y se cree que contaban con procedimientos más eficaces para conservar la carne. Seguramente, apuntan, también contactarían con grupos sociales cercanos, comerciando con alimentos.

No está claro que los neandertales tenían menos capacidades mentales que los cromañones. Es algo que aún está en discusión. Pero Mellars destaca que el arte simbólico generalizado en las cuevas, la profusión de objetos decorativos y símbolos grabados en huesos indican que tenían un sistema elaborado de comunicación, quizás una lengua, que no se ha podido probar en los neandertales.


Nuevos patrones de comportamiento
Estos patrones de comportamiento se desarrollaron entre los 'Homo sapiens', defiende Mellars, al menos 20.000 o 30.000 años antes de que la especie abandonara África y fuera colonizando Asia y Europa, reemplazando a homínidos anteriores desde hace 60.000 años. Si, como sugiere la evidencia genética, 'sapiens' y neandertales evolucionaron por separado durante medio millón de años, no sería raro que hubiera diferencias significativas en su capacidad mental, como ha demostrado la secuenciación de ambos genomas.

"En cualquier caso, parece que las innovaciones tecnológicas y el comportamiento permitieron a los humanos modernos invadir y sobrevivir en más cantidad que los neandertales en toda Europa. Frente a su competencia, éstos se fueron retirando a regiones marginales y menos atractivas del continente, en espacios donde fueron disminuyendo hasta su desaparición, coincidiendo con un deterioro del clima hace unos 40.000 años", afirma Mellars.

En los últimos años, las más recientes investigaciones han puesto fin a la imagen de los neandertales como humanos toscos y sin intelecto. Ahora se sabe que tenían el gen que facilita el habla, aunque se desconoce cómo se comunicaban, que enterraban con rituales a sus muertos, que cocinaban y sus herramientas, si bien toscas, eran eficaces.

Sobre su extinción, se ha aludido a la poca diversidad genética entre unas poblaciones que nunca llegaron a ser numerosas, lo que contrasta con el crecimiento poblacional de los recién llegados que constata este trabajo.